CARACAS, martes 26 de mayo, 2009 | Actualizado hace
Juan Carlos Méndez Guédez tiene una obra narrativa ya consolidada y reconocida en España (Cortesía Méndez Guédez)
Con una vida hecha en España desde hace más de una década y con una obra que indaga en la situación del inmigrante, el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez obtuvo el pasado viernes 22 de mayo el XL Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro (España) por su libro inédito Tal vez la lluvia.
Además de recibir como premio 15 mil euros y la edición del libro en la editorial catalana DVD, Méndez Guédez tiene la satisfacción de haber sido elegido por los escritores Fernando Marías (ganador de la anterior edición), Espido Freire, Manuel Vilas, José Luis Calvo, Luis Sánchez, Lourdes Bergés, Carmen Nueno y Sergio Gaspar.
-¿Qué rasgos tiene el tema de la inmigración en el siglo XXI?
-Milagros Socorro y Antonio López Ortega ya han hablado de una literatura de la diáspora. Autores venezolanos que estamos construyendo nuestra obra fuera del país. Y eso ocurre porque hay toda una generación que se está marchando de Venezuela o que ha decidido no regresar. Si esa inmigración tiene un perfil específico, yo no sé muy bien definírtelo. Quizás nos une la necesidad de vivir en sociedades abiertas, libres, con democracias verdaderas, consolidadas. Tal vez nos interese vivir en ciudades más seguras, más humanas. No lo sé. Pero el caso es que como novelista no me planteo estos temas de manera conceptual. Yo pienso, vivo, respiro historias que pueden referirse al tema de la inmigración, pero porque tienen una vibración, una palpitación humana que me apasiona, que me interesa. Tal vez la lluvia trata de alguien que regresa a Caracas después de dieciséis años de ausencia y no es propiamente una novela de inmigrantes en España, sino de personas que regresan de visita a Venezuela, o de personas que quieren inmigrar, pero que se mueven a lo largo de estas páginas en una Caracas empobrecida, destruida por el odio, la brutalidad y el fanatismo. Lo que interesa en esta obra son las pasiones individuales de los personajes, su manera de enamorarse y desenamorarse, su manera de odiar, de soñar la venganza, de imaginar la huida, de recordar a sus muertos, de revivir la infancia.
-¿Teme usted a los conflictos del venezolano reencauchado a Venezuela?
-No. Yo no temo vivir en el limbo. Soy un sudaca barquisimetano/caraqueño que también se siente parte de Madrid. En mi caso lo que sucede son arraigos múltiples. No vivo la inmigración como una pérdida sino como una ganancia.
-¿Qué valor le agrega este nuevo premio a su obra?
-No sé si un certamen agrega o quita algo a un autor. Me hace feliz haber ganado un premio que tiene ya cuarenta años de existencia y que ha reconocidos a autores como Javier Tomeo, Fernando Marías o Luis Leante. Pero además me ilusiona que esta nueva novela aparezca en una editorial maravillosa como DVD. Creo que es un bello lugar para que mi historia tenga su espacio, porque un premio puede ayudar a ganar lectores, y te confieso que me hace ilusión esos lectores posibles que quizás tenga esta historia caraqueña.
-¿Cómo palpa la situación del Premio Rómulo Gallegos?
-El militarismo es bastante torpe a la hora de crear nuevos espacios, de crear inteligencia, belleza. Son efectivos destruyendo el trabajo de otros. Mira lo que sucederá con el Ateneo de Caracas: ¿cuántas películas, cuántas obras de teatro, cuantos libros leíamos en esos espacios? Porque es mentira que se tratase de un proyecto oligarca. Me cansé de ir en mi por puesto desde El Valle hasta el Ateneo a disfrutar de una vida cultural que sin ellos no habría sido posible. Con el Rómulo Gallegos sucede lo mismo. Lo han dinamitado desde dentro, y de ser un premio fundamental lo han convertido en una taguarita para sus compañeros de viaje. Con mi novela Una tarde con campanas ya había decidido no participar. Y no lo haré mientras el premio no recupere la dignidad y la altura intelectual que tuvo. Yo no participo en fiestas de sargentos.
Ana María Hernández G.
EL UNIVERSAL
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