Desalambrado las misiones de Capriles
La campaña presidencial de Capriles ha tenido algunas curiosas propuestas en materia económica, particularmente en las de inmediato impacto social por el uso de un verbo parecido en la forma, al lenguaje del Gobierno. En la opinión pública opositora se percibe cierta confusión; sin embargo, es pertinente aprender que el resultado electoral en primarias arrojó una verdad inobjetable: el discurso de Capriles resultó del gusto del electorado opositor. Si este discurso va en busca del votante neutro o simpatizante de la revolución, la mayéutica dice que su posibilidad de éxito es aun mayor.
El juego político contra el neo-comunismo es una lucha por las libertades, el libre albedrío, la propiedad y la familia; la lucha política reclama en la coyuntura una oposición eficiente en la captura de voluntades para volcar a los venezolanos a construir un sistema de libertades y ello pasa por la derrota de Chávez. Capturar la voluntad del venezolano y sacarlo de sus ranchos y casas y eliminar la dependencia del fisco, pasa por sostenerles sus esperanzas, muchas sembradas por el Gobierno con una habilidosa retórica y el uso de la servidumbre como mecanismo de coerción social. Un grupo de ellas son las misiones, un emulo de mecanismos redistributivos cubanos ineficientes que buscan la dependencia política, económica de las bondades del "dictador benevolente".
La redistribución del ingreso en una sociedad moderna fluye normalmente a través del gasto público y de la caridad privada, en educación, salud, seguridad personal y hasta viviendas, para nombrar los básicos. La idea es transferir ingresos de quienes obtienen mayores ingresos a quienes los necesitan, la eficiencia de estos esquemas redistributivas aun se discute en medios académicos y en la opinión pública en general. Es la lógica del Estado de Bienestar; en Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, tomó diversos caminos, el alemán, el más exitoso, allí el bienestar se basó en una combinación de redistribución y libertades económicas. Las matemáticas redistributivas son precisas, de los que tienen más, que son mayoría a quienes tienen menos, la minoría. Las cosas se complican cuando los que tienen menos son mayoría, el milagro del pan en el desierto no es así una solución. Ese el caso venezolano.
El Estado en Venezuela es "rico", dueño de las riquezas de sus ciudadanos, o los despojó, o le caen del cielo, como el petróleo, y pese a ello las matemáticas siguen siendo las mismas, la historia dice décadas redistribuyendo petróleo aguas abajo no muestra éxitos, al contrario, la renta del petróleo no acaba ni acabará con la pobreza, ni sembrando el petróleo, una proclama popular, ingenua y falsa. Aunque los números parezcan grandes, no es mucho lo que hay para redistribuir, la renta fiscal petrolera a 100 dólares/barril es 12 % del PIB, aunque ayuda en algo, una semilla, no es solución.
Las misiones "venezolanas" fueron creadas para reproducir la dependencia política y económica del hombre de a pie del fisco a través del mecanismos de servidumbre. Por lo que la propuesta Capriles de una ley de misiones puede ser una oportunidad para crear una puerta en ambas direcciones a cientos de miles de venezolanos que requieren asistencia estatal para enderezar sus cargas, mientras se incorporan al mercado laboral "normalmente". Permitiría acabar con las atrocidades sociopolíticas y económicas de esos esquemas y transformarlos en mecanismos transicionales que estimulen al individuo al trabajo creador. Las misiones se financian dinero fiscal de modo difuso y opaco dirigido a financiar estructuras político-sociales de naturaleza cuasi-fascista y al margen de los esquemas redistributivos normales.
Así la idea de Capriles de crear una ley para ordenarlas y darle marco jurídico así como control es a todo evento bienvenida, y entra en la discusión política de modo oportuno. Una ley permite pasar por el cedazo legislativo y la opinión pública para reorganizar esas actividades redistributivas. Sería una ley cuyo financiamiento se empotraría en el presupuesto como un mecanismo, de "auxilio social" que operaría sobre parámetros de estímulos a la incorporación del individuo al mercado laboral de manera normal.
En cuanto a su organización industrial, se adscribirían a aquellas instituciones del Estado y distribución político territorial, ajustado al principio de subsidiaridad; habilitar la descentralización en estados y municipios para administrar esos mecanismos redistributivos, así, el principio de subsidiariedad sería esencial dado que las diferencias sociales de municipio a municipio son distintas.
Así, retomando la descentralización y el principio de subsidiariedad, se eliminan las perversiones de una caja común ad-hoc para financiar los programas a ser administrados en la ley de misiones. Esta redistribución descentralizada, traería economías en lo político, institucional y económico, dado que los venezolanos que contribuyen a los fondos de la ley de misiones, a través del ingreso fiscal petrolero y no petrolero, conectarían la representatividad al voto, como un mecanismo que obligaría eficiencia y pulcritud en la administración del gasto social embutido en la ley de misiones; un mecanismo redistributivo con sentido transitorio en la medida que los beneficiados puedan económicamente transferirse al régimen natural de un mercado laboral de una economía que crezca sostenidamente.
alex102@movistar.net.ve
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