De Pastor Maldonado y Juan de Mairena
Teniendo un poco más de la mitad de esta columna escrita, mientras el Twitter retumbaba con la pole del Maldonado, se encuentra uno con una nota de Juan de Mairena, pseudónimo de amigo y abogado internacionalista cuyo blog les paso más abajo. Lo escrito se modifica un poco, y se adapta por aquí y por allí; cosas del oficio de escribir que parece cada vez más el carro de Pastor, vuelta y vuelta, pero sin el gordo patrocinante. Y de pensar en vuelta y vuelta, piensa uno en lo contrario, que es andar para adelante, y tecla tecla, sale lo que sigue:
La noción de progresividad de los derechos humanos, en dos patadas de coloquialidad, es que lo que se regala no se quita porque te sale un sapo en la barriga. Difícil no recordarlo cuando nuestra Asamblea Nacional da su voto favorable a la opinión del míster de retirar a Venezuela del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, quitándonos un mecanismo adicional de protección y ciudadanía frente al Estado, gobierne quien gobierne.
Quizás sea el paso atrás más gigante que se ha dado en muchos años en América Latina. Quizás exagero. Pero en cualquier caso, el Sistema, que ha condenado a los estados por actos cometidos durante gobiernos de izquierdas y de derechas, democráticos y dictatoriales, aunque con algunos defectos -como todo en esta vida- ha sido parte fundamental en la creación de una noción de estado de derecho, en la que, como cualquier estado de derecho real, el subyacente es el reconocimiento de la dignidad de forma progresiva de cada ciudadano de los Estados partes, como iguales. Avanzando contra actos de tortura y desapariciones o sentenciando a favor del derecho de una señora homosexual a criar a su hijo. Y es que sin un reconocimiento igualitario de derechos a los ciudadanos y sin una efectiva protección de los mismos frente a las violaciones de los estados, es imposible alcanzar una unión continental que no imponga a unos sobre otros. Es igualdad y reconocimiento de la racionalidad de cada uno. Es la dignidad de todos.
Escuchamos y decimos demasiado a menudo que Suramérica es el futuro por el crecimiento que llevamos, o que Venezuela es un país muy rico, mientras en Europa y en Estados Unidos hay crisis, y mira, mira que mal están. Pero cuando nuestro Parlamento se atreve siquiera a discutir la salida de la CIDH y así acabar con la progresividad, la dignidad y con todo lo que se daba, mandando al carrizo viejo lo mejor que como continente se ha hecho en el último siglo, Brasil y los demás cuartos crecientes hacen mutismo total. La realidad le da a uno, como suele hacer, un lepe colectivo y es que el crecimiento económico no basta, y hace falta acabar con las desigualdades, con las imbecilidades del racismo y clasismo, con la homofobia y otras usanzas de convento del siglo XIX, del que más de uno de mi generación aún es capaz de hacerse eco abiertamente.
Tenemos que empezar por hacer consistente en nuestra mentalidad la idea de "progreso" con lo que progreso significa. Progreso es Obama reconociendo abiertamente el derecho de los homosexuales a casarse y que para los republicanos el argumento "contranatura" o de "degeneración social" sea impensable cuando hace 10 años era estandarte; es jóvenes protestando o discutiendo ideas sobre el estado de bienestar en la Puerta del Sol cuando en el mismo país hace nada el franquista Tejero entraba disparando en el Congreso. Porque aunque sigue habiendo cosas que no se explican en aquellos lares (como las monarquías), la ciudadanía, la dignidad y el reconocimiento de la racionalidad del otro son consecuencia de la existencia y nada más. Porque la progresividad y el progreso empieza por esa consistencia, y se da solo andando hacia delante. Porque si lo que queremos es andar en círculos, basta con Pastor Maldonado. Bandera de cuadros.
miguelwd@yahoo.com
@weilmiguel
Blog de Juan de Mairena: http://pezgrande.blogspot.com.es
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