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Schemel, el gran científico de las encuestas

RUBÉN DE MAYO |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de mayo de 2012  03:48 PM
Escucho una voz grave que se proyecta desde el  televisor. Es una voz de tenor, que inspira respeto y recogimiento espiritual. Su voz engolada le da un aire de severidad y circunspección a su discurso; a ratos, creemos que estamos en una Iglesia, escuchando a un sacerdote que nos habla de misticismo y religiosidad. El hombre de la voz algodonada es Schemel, presidente de Hinterlaces, el Enrico Caruso de las encuestas.

Su perorar es tan objetivo, que él asegura que por el torrente sobrio de su voz se expresa la ciencia misma (sus encuestas), que es inteligencia. Por eso es capaz de afirmar, desde su pedestal de científico encuestador, que la democracia venezolana necesita una oposición inteligente, tan inteligente como las potentes neuronas que coronan su cabeza. Schemel lo dice sinceramente, condolido y apesadumbrado por las tonterías y burradas de esta oposición. Una pregunta, sí, debemos hacerle a esa lumbrera de Schemel: ¿qué aparatito colectivo usó para medir la inteligencia de la oposición? Tal invento podría revitalizar la medición de la inteligencia, que ya no se haría a escala individual sino colectiva o grupal, revolucionando con ello la psicometría.

Schemel es dogmático desde el púlpito de su ciencia. Tan fanático es de la verdad de sus encuestas, que no admite dudas y discusión sobre sus relevantes hallazgos de intención de voto, olvidando que la ciencia, como dice Ortega y Gasset, es todo aquello sobre lo cual cabe discusión.

Él "opina" que quienes descalifican sus resultados son "opinadores de oficio", cosa que él no es porque no tiene por oficio la opinión (lo suyo es la verdad objetivísima, recordemos). Más adelante habla de nuevo el científico sesudo, diciendo: "la oposición venezolana tiene las mismas propuestas de hace 40 años". Y con esta afirmación agudísima hace el mayor aporte teórico que ha hecho historiador alguno desde que saliera a la luz: Historia Constitucional de Venezuela, de Gil Fortoul. Para Schemel, acostumbrado a la inmutabilidad de la verdad científica (¿o religiosa?), el hombre no es su circunstancia, el contexto y el tiempo no importan. Así que como lo leen y escuchan: "son las mismas propuestas", y cuando Schemel dice: "las mismas", hay que creerle, ¿cuántas pruebas objetivas, en nombre de la sagrada ciencia, habrá hecho para llegar a esa conclusión? Esa frase célebre de Heráclito: "nadie se baña en el mismo río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña", es una falacia dicha por Heráclito, piensa Schemel con una sonrisita de científico sobrado. Este hallazgo histórico de Schemel no obviará, claro está, que las misiones no son más, y tampoco menos, que "programas sociales", con la resultante de que desde hace un buen tiempo ya (desde el "programa de febrero", en el gobierno de López Contreras, por lo menos), estamos detenidos en el tiempo (para que lo sepan, muéranse de la envidia, Schemel también es consumado físico), porque todos han hecho las mismas propuestas populistas y demagógicas (sobre todo Chávez), expresadas en programas sociales de tipo asistencial, como es costumbre en un Estado rico en medio de una sociedad pobre.

El lector, hasta aquí, estará asombrado; pero todavía no hemos analizado la más original y honda interpretación (objetiva) que científico social alguno haya hecho de cualquier gobierno personalista, en cualquier época. Me refiero a afirmar, a ver si lo entienden, que el liderazgo de Chávez, en un marco jurídico-constitucional  presidencialista, se funda en su carisma, que hay una relación emocional entre el chavista y Chávez, y que ese liderazgo es de tipo religioso. ¡Increíble! ¿A que es difícil de entender? Les confieso, no sin humillación, que en mi condición limitada de opositor (soy poco aventajado, me cuesta entender), jamás pensé que Chávez era un líder carismático y había una relación emocional entre él y sus seguidores. Todavía le ando dando vueltas al asunto, demasiado complejo. La pregunta que me hago, y se la hago a usted, Schemel, es: ¿y para qué servirá la inteligencia en un combate con lo emocional y la sin razón?  Me imagino a Schemel respondiéndome con su voz de tenor, sentado sobre el seguro trono de su verdad científica, las encuestas, llamándome, como tildó al Comando de Campaña Política de Capriles, incompetente, inepto e ignorante. El asunto es que yo, Sr. Schemel, creo, como dijera André Gide, en aquellos que buscan la verdad, y dudo de los que la han encontrado.

rub_dario2002@yahoo.es
 


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