La incapacidad es general
RUBENS YANES
| EL UNIVERSAL
miércoles 30 de mayo de 2012 03:27 PM
Los venezolanos solemos quejarnos de nuestra propia incapacidad para alcanzar soluciones a los problemas que nos aquejan como sociedad. Si bien el gobierno de turno se lleva la mayoría de las culpas al respecto, y mucho más cuando es sobresalientemente incapaz y corrupto, debemos aceptar que es un problema general del que ninguno somos extraños.
La incapacidad de concretar soluciones está íntimamente relacionada con la carencia de planificación o la inadecuada tarea de visualizar qué se necesita para construirlas. Muchas veces somos incapaces de siquiera imaginar las soluciones a los problemas, o de dibujar consensos alrededor de las potenciales alternativas de acción. Somos especialmente buenos en empeñarnos en defender un "deber ser" plasmado en creencias personales, posiciones dogmáticas o ideológicas, la tradición ("siempre se ha hecho así"), o el mero gusto personal.
En ocasiones nos empeñamos en hacer planes faraónicos, cuya concreción está fuera de toda medida real posible. La inexistencia de recursos, tecnologías y know how para afrontar estos planes es tan crítica como la falta de verdadera voluntad para impulsar las acciones.
En el ámbito de la ejecución, pues somos extremadamente hábiles en escurrir el bulto. Pocos son los gerentes, líderes políticos o comunitarios, que se echan sobre sus hombros la responsabilidad de impulsar un proyecto "contra viento y marea"; luchar por su concreción y asumir las consecuencias (buenas o malas) de su ejecución.
Quizás porque en la otra acera uno se suele encontrar otra muy popular conducta que es "echarle la culpa al otro". En el 99% de los problemas que nos aquejan, la culpa es de otro (la iguana, el niño, el gobierno, etc.). Si usted se anima a hacer "algo", probablemente entrará en la lista de culpables. Y es éste el cierre de un círculo vicioso que nos mantiene en la inacción o el retroceso.
Mientras nos debatimos en minúsculas luchas internas, en peleas por el protagonismo y en la imposición de verdades al otro; la historia nos pasa por encima como aplanadora. Somos más pobres, más subdesarrollados, menos capaces de afrontar el futuro y tenemos más cicatrices.
¿Qué se necesita para romper este círculo vicioso? Liderazgo, voluntad, asertividad y perseverancia.
Preguntarse quién lo tiene, buscándolo fuera de nosotros, quizás sea inútil. Más bien preguntaría: ¿Lo tiene usted?
@rubensyanes
La incapacidad de concretar soluciones está íntimamente relacionada con la carencia de planificación o la inadecuada tarea de visualizar qué se necesita para construirlas. Muchas veces somos incapaces de siquiera imaginar las soluciones a los problemas, o de dibujar consensos alrededor de las potenciales alternativas de acción. Somos especialmente buenos en empeñarnos en defender un "deber ser" plasmado en creencias personales, posiciones dogmáticas o ideológicas, la tradición ("siempre se ha hecho así"), o el mero gusto personal.
En ocasiones nos empeñamos en hacer planes faraónicos, cuya concreción está fuera de toda medida real posible. La inexistencia de recursos, tecnologías y know how para afrontar estos planes es tan crítica como la falta de verdadera voluntad para impulsar las acciones.
En el ámbito de la ejecución, pues somos extremadamente hábiles en escurrir el bulto. Pocos son los gerentes, líderes políticos o comunitarios, que se echan sobre sus hombros la responsabilidad de impulsar un proyecto "contra viento y marea"; luchar por su concreción y asumir las consecuencias (buenas o malas) de su ejecución.
Quizás porque en la otra acera uno se suele encontrar otra muy popular conducta que es "echarle la culpa al otro". En el 99% de los problemas que nos aquejan, la culpa es de otro (la iguana, el niño, el gobierno, etc.). Si usted se anima a hacer "algo", probablemente entrará en la lista de culpables. Y es éste el cierre de un círculo vicioso que nos mantiene en la inacción o el retroceso.
Mientras nos debatimos en minúsculas luchas internas, en peleas por el protagonismo y en la imposición de verdades al otro; la historia nos pasa por encima como aplanadora. Somos más pobres, más subdesarrollados, menos capaces de afrontar el futuro y tenemos más cicatrices.
¿Qué se necesita para romper este círculo vicioso? Liderazgo, voluntad, asertividad y perseverancia.
Preguntarse quién lo tiene, buscándolo fuera de nosotros, quizás sea inútil. Más bien preguntaría: ¿Lo tiene usted?
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